Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte.
Cualquiera que aborde a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en sí .
En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros tenemos que poner nuestras vidas por los hermanos.
Mas el que tuvieras bienes de este mundo, y tu hermano tenga necesidad, y el cerrare las entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.
Lectura correspondiente al día de hoy (Segundo domingo después de Pentecostés, de la liturgia latina tradicional). Muy pertinente acerca de nuestra acción ante los intentos abortistas.

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