miércoles, 1 de agosto de 2018

La censura del video de la Dra. Chinda Brandolino en el Senado


No quieren ver

“Por favor, ¿lo puede cortar? ¿Lo corta?” - A propósito de la censura del video
de la Dra. Chinda Brandolino en el Senado


Por Juan Carlos Monedero (h)

Ayer, 31 de julio, en el Senado, quien oficiaba de moderador censuró el video –mostrado por la Dra. Chinda Brandolino– de un aborto realizado posteriormente a las 22 semanas.
Estaban sentados los senadores, los asesores de los mismos y el público invitado. No habían pasado ni 30 segundos del video y la gente comenzó a levantar la voz. Protestas. Indignaciones. Murmullos. Gente que se va. Todos se mosquean, se incomodan, respingan. Se retuercen ante las imágenes. “Paralo un minutito” dice el moderador, y el video se detiene. Fue patético verlo intentar, con desesperación, sortear el momento.
Balbucea entonces unas frases que no van a nada, pero llega a decir con claridad: “No pasemos el video”. A los pocos segundos, nervioso, dice levantando la voz: “ayúdenme todos”. Visiblemente tironeado entre la indignación de la gente y la necesidad de VER aquello sobre lo cual se está hablando: el aborto.
“Por favor, ¿lo puede cortar? ¿Lo corta?”.
“Lo corta, por favor. Ya está”.
“Ya está”.
Y el video es interrumpido. Nunca mejor usada la palabra.


Se puede hacer, no se puede ver.
Se puede legalizar, no se puede observar.
“Todos somos tolerantes” pero ellos no toleran ver un video.
Ellos no soportan verlo pero el país entero debo garantizar que sea legal, seguro y gratuito.
Saben que lo que hace es inhumano, por eso no quieren verlo.
Si se ve el video, no les queda margen. Si se ve el video, están perdidos.
Esto es hipocresía, ya no podemos seguir mirando para otro lado. Dejemos de pensar que hay buena voluntad pero error de ideas. Acá no hay errores de ideas, acá hay manipulación y degradación humana. Hay una voluntad empecinada en No querer ver, no quieren ver, quieren apagar el video, quieren destruir el video. Odian esa claridad, odian esa luz insobornable que son las imágenes. Al igual que los culpables de un delito, odian esa evidencia que los señala como criminales. Porque tratándose de palabras, siempre pueden porfiar. Siempre se pueden refugiar en conceptos ideológicos, siempre pueden mentirse a sí mismos. Con un video no.
Si buscasen la justicia, si realmente les preocupase la vida de las mujeres, buscarían la verdad. Abrirían los ojos. Que hayan censurado el video de la Dra. Brandolino es la prueba acabada de que están haciendo precisamente lo contrario.No quieren ver. Nosotros, ¿queremos ver? ¿Tomaremos nota de que ellos no quieren ver, actuando en consecuencia?

La muerte de mi hija fue secuela de mi aborto



Hoy quiero contar mi historia.
Yo tenía 19 años y él 31, pensaba que estaba muy enamorada y hacía todo lo que él me decía. En ese tiempo (en el 87) era muy feo tener un hijo soltera y mi mamá siempre lo decía, por eso al quedar embarazada él me dijo que sería un problema y que él se iría. Hice lo que me pidió, primero me hizo inyectarme y no pasó nada. Luego me llevó a una clínica acá en Santiago.

Era una clínica como todas, habían dos médicos y una anestesista. Entré y me hicieron dormir y cuando desperté estaba mi ex pareja ahí sentado y sólo recuerdo que desperté con una angustia muy grande que aun la siento. Tenía casi 3 meses de embarazo…

En el 89 quedé nuevamente embarazada. Esta vez mi mamá se enteró y me apoyó mucho.
Estaba feliz pero me dio una hemorragia por secuelas de mi aborto y mi hija nació de 7 meses con 1 kilo 100 el 9 de Octubre y falleció el 19 de Octubre por un derrame cerebral. Me dijeron que si vivía quedaría con secuelas graves. A mi no me importaba, sólo quería tenerla conmigo y cuidarla. Pero sólo duró 10 días. Si yo no hubiera abortado, aún estaría viva.

El 93 me embaracé de mi hijo, él también fue prematuro, nuevamente el daño por el aborto se hacía presente. Nació de 7 meses ya que nuevamente me dio una hemorragia. Sufrió mucho y yo me culpo de eso, pero gracias a Dios sobrevivió y ya tiene 21 años.

Después de eso yo sufría siempre de hemorragias así que me operaron. Estuve 15 años con el papá de mi hijo pero él me engañó y me fui de su lado y me vine a Santiago a trabajar. Conocí a mi marido, me casé en Abril del 2007.

Trato de salir adelante pero es imposible olvidar, no se puede.

Por eso espero que no salga esa ley ya que sé que hará más daño que ayudar. No se soluciona un problema asesinando a una criatura y eso los médicos y sicólogos lo saben.

Estoy con ayuda, con psiquiatra y sicóloga, ya que sufro de depresión desde hace más de 5 años y no logro salir. La depresión y otras enfermedades son las consecuencias que me dejó lo que hice. Por lo mismo no entiendo como los médicos dicen que no habrá secuelas después de un aborto. No es cierto, quedan secuelas sicológicas y físicas. La muerte de mi hija fue una secuela del aborto.

Ahora vivo sola con mi marido porque no pude tener más hijos, quedé dañada físicamente. No pude hacer una familia como quería. Soy la prueba viviente de que el aborto daña a todo nivel, por eso estoy en contra. Porque le hacemos daño a una pequeña criatura y nos hacemos un daño a nosotras misma. No tiene nada que ver donde te lo hagas, yo lo hice en una Clínica acá en Santiago, con médicos buenos y eso no evitó que quedara con graves secuelas.

No nos creamos lo que nos dicen. El aborto seguro no existe. Ni seguro para el cuerpo, ni para el alma.

sábado, 28 de julio de 2018

EL CAMINO DE SANTIAGO



Por Antonio Caponnetto

Ha tomado estado público el estreno de la película “El camino de Santiago”, dedicada al caso Maldonado. En rigor, dedicada a perpetuar la mentira más gruesa y más descarada sobre este sujeto, claramente incurso en actividades anarquistas,delictivas y aún satanistas.

Como no podía ser menos, una Kirchner, está detrás de este proyecto de falsificación histórica intencional y evidente. Y una banda de seres vitandos que la secundan, de tanta repelencia que pueden competir con su rostro.

Se han escuchado voces denunciando esta estafa; y no está mal. La primera ley de la historia es no atreverse a mentir;la segunda, no tener miedo de decir la Verdad.

Pero por encima de la legítima defensa de la autenticidad de lo acaecido, la película tiene claramente un título sacrílego y profanatorio. Porque parodia a sabiendas esa antañona y catoliquísima romería hecha por muchedumbres de peregrinos en homenaje devocional al Apóstol Santiago. Procesión de inequívocas resonancias sacras, de reverberancias litúrgicas, y de fulgurantes connotaciones sobrenaturales.

Miradas las cosas con propiedad teológica, la denominación del engendro cinematográfico contiene una clara conculcación del Segundo Mandamiento.

Y una vez más, como tantas, los obispos han callado cobardemente. Ninguno ha salido a cruzar espadas por el honor del gran discípulo de Nuestro Señor Jesucristo, a cuyo solo nombre y mística imagen, España entera se lanzó a la victoriosa Reconquista.

 Ninguno se ha atrevido a convocar a un desagravio público, cuanto pública es la ofensa. Bergoglio acaso, que ya recibió aquiescente a la parentela del delincuente, se haga pasar ahora la película en algún recoveco de su inmerecido sitial romano.

Pero hoy es la fiesta del Apóstol Santiago. Y por los  infames que callan, hablaremos nosotros. Hablaremos para  hacer primero el encomio de esos leales andariegos, que durante fatigosas jornadas, casi griálicas, con su bordón y su viera, van recorriendo espacios y tiempos signados por la gracia.

No es el de ellos el camino de la ruindad apátrida y atea. Es la travesía del creyente, la singladura del pecador contrito y esperanzado, la senda del oteador de cielos nuevos y tierras nuevas.

Y hablaremos, al fin, en esta Fiesta que supo ser tan hispana como argentina,tan universal como criolla, para pedirle al Apóstol que acepte nuestro desagravio, que nos contagie su brío, que nos instile su entusiasmo, que nos infunda su fervor. Porque la batalla que tenemos por delante es fragosa; y los felones acechan, y los medrosos rondan y los miedosos mandan.

Lancémonos al verdadero Camino de Santiago.  Es demanda, oblación, fatiga. Pero es también, o por lo mismo, victoria de la Fe,coronación de la Esperanza, apoteósis de la Caridad.

Que retumbe la plegaria de José Antonio García de Cortazar y Sagarminaga:

«¡Que voy a entrar en combate,
Señor Santiago el Mayor!
Pon en mi clara Bandera
la aguda Cruz de tu amor.
Dame tus armas ardientes,
híncame tu corazón.
¡Quiero hundirme en el asalto
con tu nombre y con tu voz!
¡Que voy a entrar en combate
Señor Santiago el Mayor!».

Respuesta de una juez

Tremenda respuesta de un Juez  argentino  a los del gobierno en Argentina.
                                                                                    Hermoso el modo de pensar y grandísima la expresión
 El Juez Rizzi se niega a quitar la Cruz....


La Asociación Pensamiento Penal (APP)  y la Asociación por los Derechos Civiles ADC) se encuentran abocadas a una campaña nacional destinada al retiro de los símbolos religiosos de las salas de audiencias de los tribunales, invocando la neutralidad religiosa del Estado.
El juez Luis María Rizzi, integrante del TOC 30 de la Capital Federal se negó a quitar la Cruz.
 Difundimos su respuesta:

Doctor Mario Juliano. Presidente de Pensamiento Penal:          
Acuso recibo de su nota y de la del doctor Onaindia.
Mi respuesta a vuestra pretensión es la siguiente: no voy a descolgar ninguna Cruz.
Tampoco voy a disponer que otro lo haga.
Porque creo en Dios y porque soy católico. Porque tengo reverencia por la Cruz de Cristo, el inocente crucificado por los hombres y el más inocente de los condenados, que representa además, la fe mayoritaria y la identidad de nuestro pueblo. Porque la Cruz no ofende a nadie, sea o no creyente, ni nadie puede sentirse agredido, inquieto, molesto y menos discriminado por su presencia.
Porque contrariamente a lo que Uds. suponen o creen, la presencia de la Cruz es símbolo de piedad, de consuelo, y de misericordia;  es símbolo de que quienes se desempeñan frente a ella, tienen temor de Dios, y por ello mismo, inspiran más confianza en que actuarán de acuerdo a la justicia y a la verdad, con buena voluntad y con la máxima imparcialidad.
Porque finalmente, la libertad religiosa que Uds. dicen pregonar y defender, es precisamente para que quienes quieran hacerlo, cuelguen, lleven o exhiban la Cruz, y no para que nos obliguen a quitarla, ocultarla o disimularla.
 Soy consciente no obstante, de que Uds. están embarcados en una triste misión en la que muy probablemente lograrán los fines que los desvelan. Tal vez porque la Cruz es incompatible con este mundo en el que se confunde el bien con el mal, en el que se privilegian supuestos derechos de la mujer a costa del derecho a la vida de los niños;  en el que impera la deslealtad, la mentira, la corrupción; en el que ya no interesa la protección de la familia y de la infancia, y se las suponen independientes de la protección del matrimonio.
En fin, la Cruz parece no tener más lugar en una nación desolada, ciega y sorda a las leyes eternas que no son de hoy ni de ayer, que huye de la Verdad y de la Belleza, y que se empeña en ignorar y abandonar a Cristo. Pero Cristo no nos abandonará, aún cuando repudien y quiten su Cruz.

Pueden hacer pública esta respuesta, cuando quieran y ante quien quieran. Saludo a Uds. muy atentamente.
Luis María Rizzi.

Aborto y objeción de conciencia


Al parecer,el pasado 20 de junio –mala fecha para andar diciendo zonceras- desde el sitio oficial del Instituto Acton (que se llama así, no por la marca de patinetas sino en homenaje al lord gringo puesto en el Index en tiempos del Beato Pío IX), Don Gabriel Zanotti perpetró una nota titulada “Del aborto clandestino al totalitarismo clandestino”. Puede verla el masoquista  lector en http://institutoacton.org/2018/07/04/del-aborto-clandestino-al-totalitarismo-clandestino-gabriel-zanotti/


         Llama la atención que el autor sea un relapso, que vuelve a asumirse inverecundamente cual católico liberal convicto y confeso, y que deslice un rechazo burlón hacia la QuantaCura. Algo así como si un mahometano se confesara islámico-mormón y rechazara las azoras, aleyas y bizmillas del Corán.


Y llama la atención asimismo que crea poder compatibilizar su catolicismo gloriándose de haber sido prácticamente el único que defendiera a los Testigos de Jehová, cuando –según él- éstos “se pudrían sistemáticamente en la cárcel” por causa de sus objeciones de conciencia. Latiguillo este último que blanden hoy las salvajes izquierdas por doquier, desde sus múltiples medios. Porque es común entre la intelligentzia nativa, subirse al caballo por derecha y bajar por siniestra.


 Los Testigos de Jehova son, en sentido estricto, una secta satánica, abocada de modo explícito a ultrajar a la Iglesia. Elrecurso a la objeción de conciencia lo usaron para dejar morir con crueldad a algún pariente, impidiéndole la transfusión de sangre, o para ofender la bandera nacional o para  negarse a servir a la patria bajo la forma  del servicio militar obligatorio.


Ser católico y defensor de los Testigos, y del uso crapuloso que hacen de la conciencia objetante, guarda la misma coherencia que ser trotskysta y cruzar espadas por los cautivos del Gulag. Hasta ahora sabíamos –como dice el Pseudo Exúpery- que lo esencial es invisible a los trotskos. Habrá que agregar también a los zanóticos.


Pero en la noteja de marras, the man of the Acton nos interpela dos veces a los nacionalistas católicos; y más específicamente a la revistaCabildo. Elige para ello el modo de una pregunta, que no registra Aristóteles entre los recursos lingüísticos de la Retórica, pero sí las mucamas cuando se enojan en la feria. No se tome por reproche, ¡vamos! Pura ley clásica de lo semejante en pos de lo semejante. Ambos hacen las compras para sus patrones.


¿Y cuál sería el núcleo de la acusación zanótica hacia nuestras amenazantes huestes ultramontanas? Nos expliquemos de una vez.


En primer lugar -se nos dice- los políticos aborteros, al negarse a reconocer la objeción de conciencia a los providistas incurren en un “totalitarismo clandestino[...], revelando con ello hábitos de pensamiento totalitarios típicos, lamentablemente de la cultura argentina”.  Que sepamos el rechazo a la objeción de conciencia, cada vez que ha sido planteado, no lo fue desde la clandestinidad sino desde altos estrados públicos y visibles. El senador Pichoto, por ejemplo, hace uso de su texticulillo masón anti objetante con ostensible exhibición oficial. Lo que ha pasado a la clandestinidad en él y en sus pares, es la moral y la decencia, pero no el imperativo tiránico.


Sobre la existencia de un hábito totalitario, estamos completamente de acuerdo. Es el del totalitarismo democrático, que impone su despotismo de la cifra, su prepotencia del número,su abuso de la cantidad, la opresión de su mitad más uno. Y esto es obra maldita del liberalismo, mentor, cultor y practicante del dogma de la soberanía popular y de la mentira del sufragio universal. Si van a invocar los hábitos vayan a la cuestión 51 de laprima secundae de la Summa, para aprender a detectar a sus causantes.


En segundo lugar, según este muchacho Gabriel de la Zanatosa, los nacionalistas de Cabildo seríamos culpables de “tanto poder otorgado al Estado”, de querer estatizar “la salud y la educación” por ser “derechos sociales”; de pensar que “todo estaba bien con un ministro de educación <católico>, y por supuesto con Onganía y con Videla”; pero que, como ahora, las cosas han cambiado y el poder estatal “va para otro lado”, suceden estos atropellos como querer negar la objeción de conciencia. La culpa es nuestra, en suma, porque a diferencia de los católicos liberales que “lucharon siempre contra el poder”, nosotros le dimos más y más poder al Estado.


Sinceramente nos duele ver cómo se le caen los anillos, se le desgracia el jubón y se le amarrona la librea al mayordomo del Lord hereje. Lo teníamos por sujeto de otro horizonte cultural y moral. Y aunque no lo supusimos nunca destinatario del encomio lorquiano: “voz de clavel varonil”, tampoco creíamos que prestaría su palabra a tanta mariconería  junta.


El Nacionalismo Católico, precisamente por lo segundo, que a la vez califica y sustantiviza a lo primero, jamás concibió al Estado como algo distinto a lo que enseña al respecto la Doctrina Social de la Iglesia. Ni estatolatría,ni neutralismo,ni omnipotencia,ni indiferentismo. Ni panteísmo de Estado ni ausencia irresponsable del mismo.


Nos hemos cansado de repetir con Oliveira Salazar, que el Estado debe ser una persona de bien, ejercitante, entre otros, del principio de subsidiariedad; y que no es lícita ninguna de las formas de monopolio estatal sobre la educación o sobre alguna de las cuestiones vitales en las que esté en juego la salvación de las almas o aún la mera salud integral de la creatura.


Ni en la teoría ni en la práctica hemos concebido un Estado que no fuera “el ministerio de Dios sobre la tierra para asegurar el bien común”. Nuestro ideario, en todo caso, está antes en la UnamSanctam de Bonifacio VIII, pero nunca en el Discurso de Sarmiento en el Senado, del 13 de septiembre de 1859, proclamando que el Estado no tiene caridad ni alma. Porque es el Estado Liberal, instaurado tras la derrota de Caseros, con previo delito de traición a la patria, el que impuso su laicismo integral a sangre y fuego. Y es en nombre de ese laicismo masónico que hoy pueden negar los reclamos de la conciencia católica ante un crimen como el aborto.


¿Qué objeción de conciencia respetó el Estado liberal cuando impuso la obligatoriedad del matrimonio civil, o la del voto coactivo, multando a sus infractores y colocándolos en la lista de los réprobos? ¿Qué objeción de conciencia respetó ese mismo Estado Liberal cuando sometió a las familias a la educación común de signo jacobino u obliga desde hace décadas al ciudadano común a tener que regirse por una moneda extranjera si quiere acceder a una vivienda?


El Nacionalismo Católico no ha sido nunca poder en la Argentina. Y es redondamente una infamia –de esas que en otros tiempos se dirimían con el guantazo arrojado a la cara del canalla- afirmar que nosotros no hemos enfrentado siempre al poder de turno; y que no hemos pagado por ello el alto costo que supone ser políticamente incorrecto a perpetuidad.


Gobiernos civiles y militares, oligarcas de overol o de levita, proletarios o burgueses, peronistas o gorilas, cursillistas o  budistas, ¡todas!, absolutamente todas las variantes del Régimen han conocido nuestra enemistad. Incluyendo el Onganiato y el Proceso; afirmaciones tajantes que podemos convalidar con una montaña de documentación escrita,publicada y difundida en cada circunstancia histórica.


No debería Zanotti mencionar la cuerda en casa del ahorcado. A su padre, el Proceso le restituyó la cátedra de Política Educativa en la UBA; fue asesor de la Armada a partir de 1969, cuando aún gobernaba Onganía; y en el homenaje a su figura, que le hiciera La Nación a los diez años de su muerte, en la Fundación Bank Boston, asistieron personalidades del liberalismo católico como el Dr. Llerena Amadeo, que fuera ministro de Educación del Proceso, Víctor Massuh, otrora embajador ante la UNESCO o el Contralmirante Sánchez Sañudo, partícipe de la RevoluciónLibertadora. Datos todos que el mismo Juniors nos ha aportado en sucesivos artículos. Y que son, además, del dominio público.


Y datos ante los cuales, en principio, podríamos encogernos tranquilamente de hombros, si no fuera por que se pretende que, para nosotros, “la nación católica se da en las dictaduras católicas de derecha”. De pronto –milagros de la homonimia- Zanotti ha mutado en Zanatta (il forlivez bugiardo), y ambos –por merecida alquimia- enzanahorias, vocablo cuya tercera acepción permiten los académicos del idioma sinonimizar con imbécil.


             Pero dejemos a este “irrelevante total”, como se autodefine en el artículo que le estamos comentando; y vayamos al tema de fondo. ¿Es lícito y/o recomendable esgrimir la objeción de conciencia ante la posible o cierta legalización del aborto?



La objeción de conciencia
        

         Va de suyo que al modo de los liberales,no. Porque en la perspectiva liberal es una variante más de la autonomía del juicio individual, del culto al subjetivismo relativista, del rechazo de cualquier forma de heteronomía ética o de moral objetiva, de la libertad convertida en antojo. Lo mismo vale hoy para no matar a un embrión, que ayer para matarlo negándole una transfusión sanguínea o mañana para desertar de una guerra justa, si tal posibilidad existiera. Por eso, la categoría “objetores de conciencia” ha sido siempre cara a las izquierdas progresistas y liberales. Y por eso el Magisterio de la Iglesiasupo hacer sus claras distinciones[1].


         Pero supuesto en un sujeto sano y responsable el ejercicio del habitus primorum principiorum o sindéresis, por cierto que está en todo su deber primero, y en su derecho después, levantar bien alto la voz de su conciencia, ante una ley aborrecible, para exigir que se obedezca a Dios antes que a los hombres (Hechos 5,29). La conciencia recta no puede sino rebelarse contra lo que escolásticamente se llamaba una real, objetiva y flagranteatrocitatem facinoris o acto de atroz injusticia.


         Ahora bien; el hombre que así gloriosamente actúa, para que su acto sea no sólo ejemplar y edificante sino santo y heroicamente congruente, no debe pedir garantías al mismo verdugo de que nada le sucederá si no sacrifica a los falsos ídolos. Gritará –como consta en las Actas de los Mártires- ¡no sacrificaré!, y pedirá fuerzas a Nuestro Señor para aguantar las consecuencias. Como mostró el rey Balduino de Bélgica que era posible, perdiendo nada menos que su trono por no consentir el nefando crimen del aborto. Después, si la leguleyería impuso sus triquiñuelas, es otra cosa. Pero el gesto es válido.


Nunca son recomendables sino despreciables los católicos libeláticos; esto es, aquellos que buscan la garantía,la contemporización y el refugio del poder constituido. La chancha y los veinte no se puede ni se debe. Si no sacrificamos nos pueden echar del trabajo,sí. Y ser denostados por anónimos y cobardes plumíferos. Y perder fama, honor y hacienda, sí; y ser declarados enemigos del pueblo, también, como tantos casos gloriosos. Hay una bienaventuranza para los que todo lo padecen por causa de Cristo. Y un nombre, el de mártires, para quienes pueden ofrecer hasta la vida.


Entendemos a los profesionales de la salud que exigen la objeción de conciencia legalizada y garantizada por el Estado si se aprueba la Ley IVE(Infernal Voluntad de Exterminio). Pero primero será pedir el milagro de que el Dios de las Batallas aplaque la furia criminal de los aborteros; y después, si tal gracia no la merecemos, pedir el milagro de que se nos de la fortaleza extraordinaria para sobrellevar las consecuencias, que no serán fáciles. Mucho menos si además de una conciencia rectamente objetora, no hay una conciencia parusíaca. Bueno sería que la Iglesia, antes de acompañar este pedido de la objeción de conciencia –que para algunos equívocos conceptuales se presta- predicara sobre las Postrimerías y sobre la virtud de estar dispuesto a perderlo todo antes de pecar contra Dios. Al fin de cuentas se supone que es lo que rezamos diariamente en el Pésame.


Es de San Buenaventura la hermosa enseñanza aquella, según la cual: “la conciencia es como un heraldo de Dios y su mensajero; y lo que dice no lo manda por sí misma, sino que lo manda como  venido de Dios, igual que un heraldo cuando proclama el edicto del Rey. Y de ello deriva el hecho de que la conciencia tiene la fuerza de obligar” (In II Librum Sententiarum,dist.39,a.1,q.3).


Sólo en este sentido se podrá hablar de una conciencia objetante, impugnante y movilizadora del Buen Combate. El resto es el pecado del liberalismo; o el temor de los cobardes; o el conformarse cada vez con menos de los tibios; o el acomodarse en la derrota para conservar el puesto; o el tirar la toalla antes de que la lid acabe.


No será el liberalismo católico el que venga a darnos lecciones de resistencia al poder. Tampoco nos vanagloriamos de ser nosotros paradigmas de conductas. Pero la Iglesia, “columna y sostén de la Fe”(I Timoteo 3,15), Mater et Magistra y Esposa del Señor, tiene un escuadrón de testigos para que nos espejemos en ellos en estas horas duras y cruciales.


Digo la Iglesia. De pie al pronunciar su nombre y de rodillas tras pronunciarlo. Digola Iglesia semper idem. Digo la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. Contra ella no podrán ni han podido nunca obtener el triunfo definitivo los enemigos de la Cruz. Porque la Barca la conduce Cristo. Y Cristo navega hacia lo alto, hacia Arriba. Desde donde se sale victorioso cuando parece que  el laberinto nos tiende la más cruel encerrona.



Antonio Caponnetto




[1] Recomendamos dos lecturas: Rafael Somoano Berdasco, Pacifismo, guerra y objeción de conciencia, a la luz de la moral católica, Madrid, Fuerza Nueva,1978 y Gonzalo Muñiz Vega, Los objetores de conciencia, ¿delincuentes o mártires? , Madrid, Speiro, 1974.

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El estudio que sigue es, seguramente, uno de los trabajos más fundados sobre el delito de aborto desde la perspectiva penal. Fue publicado ...